viernes, 19 de agosto de 2011

Las microalgas podrían ser el biocombustible del futuro.


 La investigación en energías renovables dirige una parte de sus esfuerzos hacia el desarrollo de biocombustibles. Esta vía de producción de energía, para la que se utilizan maíz, cebada o soja entre otros,puede interferir en los cultivos destinados a alimentación y encarecer los precios de alimentos básicos. Teniendo esto en cuenta, el futuro de los biocombustibles, podría pasar por la utilización de algas, muy abundantes y fáciles de cultivar, como materia prima.
Desarrollar biocombustibles a partir de materias primas no alimentarias pasa por distintas alternativas. Se investiga en el aprovechamiento de residuos de la producción agrícola o forestal como combustibles de segunda generación o, como en el caso de la jatropha, por desarrollar nuevos cultivos energéticos capaces de crecer en tierras no aptas para la agricultura convencional.


Una alternativa más es la que podría suponer la obtención de biocombustibles a partir de cultivos acuáticos de algas marinas. El hacerlo preferentemente con aguas salinas evita los problemas de sequía o abastecimiento de agua potable que supondría el uso de agua dulce. Una hectárea de algas puede producir unas 30 veces más aceite que la misma extensión de girasol o colza. Pero el principal problema de esta alternativa es el alto contenido en agua de las algas. Esto dificulta su tratamiento y la extracción de su contenido útil, el aceite. Tras secarlas, se aprovecha tan solo entre el 5 y el 15 por ciento del producto original.


Mejorar este sistema lleva irremediablemente a encontrar las especies de algas que más rápido crecen y más combustible pueden proporcionar. Algunas especies de algas unicelulares
, como la Chlorella vulgaris o la Scenedesmus acutus, podrían ser la solución, aunque todavía se está estudiando como mejorar su rendimiento. Para su producción a escala industrial existen dos opciones: sistemas abiertos como estanques y canales, iluminados con luz natural; o fotobiorreactores, expuestos a luz natural o artificial. Iniciativas como el proyecto Cenit Piibe de Repsol, intentan desarrollar esta tecnología seleccionando las especies adecuadas de microalgas, mejorando su rendimiento e intentando reducir los costes de los fotobiorreactores, por ejemplo.

Además de la producción de energía, el cultivo de algas se está desarrollando paralelamente para la captura de dióxido de carbono y la consecuente reducción de emisiones de este gas contaminante. La investigación genética y de los métodos de producción de bioetanol podrían llevar estos avances a la realidad en un futuro próximo, aunque algunos expertos piden paciencia y que no se sobrevalore el potencial de esta tecnología.

Fuente: Muy interesante.

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