Los alimentos orgánicos son una opción más ecológica para el planeta y más saludable para nuestro organismo, pero hay mucho más en su cultivo que plantar semillas, regar los brotes sin utilizar plaguicidas y hablar a las plantas a medida que crecen. La agricultura orgánica es un proceso complejo, interesante y en constante cambio. Hay siete cosas de ella que se nos pueden haber pasado por alto y que conviene recordar.
La Agricultura orgánica secuestra mucho carbono en la tierra. Una hectárea de cultivo ecológico puede eliminar de la atmósfera 6 toneladas de CO2 al año. El equivalente a unos 184 árboles de Calliandra calothyrsus. Esto coloca a la agricultura ecológica en posición de arma razonable para combatir el calentamiento global. Como apunta Mariann Fischer Boel, Comisaria de la UE para agricultura, ‘ si queremos conseguir nuestras metas sobre los gases de efecto invernadero, necesitamos toda la munición que podamos conseguir.’
Reduce drásticamente el costo de los insumos. Así, la agricultura orgánica guarda carbono en el suelo, pero también puede ahorrar mucho dinero cuando se trata de los costos de los insumos del día a día en las operaciones agrícolas. En lo que respecta a las naranjas, por ejemplo, el gasto más importante de la producción proviene de fertilizantes nitrogenados intensivos en carbono, cortar esa entrada sintética del proceso puede ahorrar una gran cantidad de costes que se suman a una drástica reducción huella de carbono.

