Arturo Beltrán Retis, director de Restauración y Fomento Forestal de la Protectora de Bosques del Estado de México (Probosque), reconoció que existe la idea equivocada de que comprar un árbol de Navidad natural es un atentado contra la vida y el medio ambiente.
Sin embargo, explicó que adquirirlo es una contribución ecológica, pues gracias a las plantaciones comerciales, dedicadas a la producción de árboles de Navidad se reintegran ecosistemas forestales, se conservan especies de plantas, hongos, mamíferos y aves diversas.
Un ejemplo es el caso de Amecameca, donde debido a la importante presencia de plantaciones comerciales el águila ha vuelto a habitar los bosques de la zona.
Informó que en el Estado de México hay 4 mil 116 hectáreas dedicadas a la producción de pinos, lo que genera servicios ambientales invaluables como la captación de agua.
