Los fuegos artificiales, asociados a las fiestas populares en las noches de verano, manifiestan todo su esplendor y luminosidad en el estallido de colores que producen, pero se ignora la contaminación química que conllevan y los efectos nocivos sobre la salud.
Los espectáculos pirotécnicos generan tres tipos de contaminación: el perclorato, agente oxidante que se utiliza para lanzar el cohete; los metales pesados que van en la bomba explosiva y producen la coloración del estallido; y los aerosoles sólidos, que se originan después de la explosión.
En una entrevista con EFEverde el investigador y químico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), José Luis G. Fierro, explica que el "momento de más contaminación" se produce durante la propulsión del cohete cuando entran en combustión todos los elementos incorporados a los fuegos de artificio.
